Un buen aislante térmico puede evitar desperdiciar en un edificio hasta un 30% de energía, que se traduce en una reducción de la factura eléctrica y del gas y en las emisiones de CO2, perjudiciales para el medio ambiente. Por ello, las instituciones obligan a las nuevas construcciones a cumplir unos mínimos de eficiencia energética, y ofrecen ayudas para rehabilitar las casas ya edificadas con estos sistemas.

El consumo energético durante la vida útil de las viviendas – cuyo gasto recae en el inquilino – ha sido algo secundario en la construcción. Por ello, no es de extrañar que en España, con un ritmo de construcción vertiginoso en los últimos años, suponga alrededor del 20% de la energía total consumida.
No obstante, hoy día, normativas como el Código Técnico de la Edificación (CTE) o el nuevo Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) obligan al sector a cumplir unos requisitos mínimos de eficiencia energética en los edificios nuevos y en los que se rehabiliten. Al fin y al cabo, la energía más ecológica y barata es la que no se gasta.
Algunas de estas medidas no suponen un excesivo desembolso económico y consiguen unos buenos resultados, como la instalación de un buen aislamiento térmico. La pérdida de calor de los edificios convencionales es considerable: según el Energy Saving Trust, una casa sin buenos aislamientos puede desaprovechar sólo por sus paredes alrededor de un 33% de su calor.
Una casa sin buenos aislamientos puede desaprovechar sólo por sus paredes alrededor de un 33% de su calor
Gracias a estos sistemas, la vivienda deja fuera el frío del invierno, manteniendo el calor interior y, de la misma forma, impide el paso de las altas temperaturas del verano. En definitiva, el consumidor logra ahorros importantes en calefacción, agua o aparatos de climatización, y el medio ambiente evita el impacto del gasto energético.
Las posibilidades son muy diversas: Entre las medidas convencionales, se encuentran el aislamiento de paredes o muros exteriores, techos o cubiertas, carpinterías exteriores, ventanas y vidrios, protecciones solares y especialmente los puentes térmicos como los que se forman en las vigas estructurales que comunican el exterior con el interior de la edificación. Por su parte, las medidas “no convencionales” se ubican dentro de la denominada “arquitectura bioclimática“.
Asimismo, los equipos y redes de tuberías de las instalaciones de calefacción, climatización y producción de agua caliente sanitaria, convenientemente aislados, también pueden suponer ahorros energéticos.
Aprovechar una rehabilitación
Hasta ahora, la envolvente térmica, es decir, el conjunto de cerramientos que comunican directamente los espacios habitables de una edificación con el exterior, no había sido precisamente la prioridad de los constructores: En España, más de la mitad de los edificios carecen de la protección térmica adecuada, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) y la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes (ANDIMAT).
Este tipo de edificios, más antiguos, suelen requerir algún tipo de rehabilitación, un momento idóneo para incorporar algún sistema de aislamiento térmico. Los expertos recalcan que la instalación de este tipo de aislantes, tanto en los nuevos edificios como en los ya edificados, no es tan complicada ni cara como pudiera parecer y logra además los beneficios señalados. Además, según los responsables del IDAE, la inversión se recupera entre los cinco y los siete años gracias a los ahorros conseguidos.
En este sentido, el IDAE y la ANDIMAT han editado la “Guía Práctica de la Energía para la Rehabilitación de Edificios. El Aislamiento, la mejor Solución”. Sus responsables afirman que estos sistemas se pueden incorporar siempre que se vaya a realizar cualquier tipo de obra en un edificio.
La guía, especialmente dirigida a presidentes de comunidades de vecinos y administradores de fincas, explica en seis apartados los beneficios de incluir el aislamiento térmico dentro de los planes de rehabilitación de un edificio; qué tipo de viviendas pueden realizarlo; cómo realizar la rehabilitación y en qué elementos concretos; qué proceso técnico-administrativo conlleva; y algunos ejemplos prácticos.
Cómo lograr ayudas para rehabilitar la envolvente térmica
El Plan de Acción para la Eficiencia Energética (PAEE) 2008-2012 incorpora 28 medidas de ahorro y eficiencia energética en España, especialmente para sectores con un mayor potencial, como la industria, el transporte y la edificación. El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, a través del IDAE, así como las comunidades autónomas (CC.AA.), prevén una serie de ayudas económicas para llevar a cabo estas medidas. Entre ellas, se encuentra la rehabilitación de la envolvente térmica con soluciones constructivas convencionales y no convencionales.
El porcentaje de la ayuda económica supone un 22%, si bien puede aumentar hasta un 35 % si se alcanza una calificación energética A. Para ello, el edificio puede combinarlo con otro tipo de medidas, como iluminación, climatización, etc. La cuantía económica máxima asciende a 10.000 euros por cada vivienda unifamiliar, 300.000 euros por cada edificio de viviendas en bloque y de 300.000 euros para edificios de otros usos, distintos al de vivienda. Asimismo, también se pueden lograr ayudas de hasta un 75% para realizar la auditoría energética o la calificación energética del edificio.
Por su parte, cada comunidad autónoma puede elevar el porcentaje de ayuda para casos concretos, como por ejemplo, si la vivienda entra dentro de un plan para rehabilitar un barrio completo. Por ello, es conveniente informarse tanto con los responsables del IDAE como con sus análogos de las distintas CC.AA.
Un aislante térmico es un material usado en la construcción y la industria y caracterizado por su alta resistencia térmica. Establece una barrera al paso del calor entre dos medios que naturalmente tenderían a igualarse en temperatura, impidiendo que entre o salga calor del sistema que nos interesa (como una vivienda o una nevera).
Uno de los mejores aislantes térmicos es el vacío, en el que el calor sólo se trasmite por radiación, pero debido a la gran dificultad para obtener y mantener condiciones de vacío se emplea en muy pocas ocasiones. En la práctica se utiliza mayoritariamente aire con baja humedad, que impide el paso del calor por conducción, gracias a su baja conductividad térmica, y por radiación, gracias a un bajo coeficiente de absorción.

El aire sí transmite calor por convección, lo que reduce su capacidad de aislamiento. Por esta razón se utilizan como aislamiento térmico materiales porosos o fibrosos, capaces de inmovilizar el aire seco y confinarlo en el interior de celdillas más o menos estancas. Aunque en la mayoría de los casos el gas encerrado es aire común, en aislantes de poro cerrado (formados por burbujas no comunicadas entre sí, como en el caso del poliuretano proyectado), el gas utilizado como agente espumante es el que queda finalmente encerrado. También es posible utilizar otras combinaciones de gases distintas, pero su empleo está muy poco extendido.
Aislante Celulosa
Se trata de papel de periódico reciclado molido, al que se le han añadido unas sales de borax, para darle propiedades ignífugas, insecticidas y antifúngicas. Se insufla en las cámaras o se proyecta en húmedo. Es un potente aislante estival e invernal, y tiene también propiedades de aislamiento acústico. Su mayor ventaja es que se comporta como la madera, equilibrando puntas de temperaturas a la vez que tiene una gran capacidad térmica de almacenamiento, se comporta de forma anticíclica durante 12 horas, manteniendo así el frescor matutino en verano durante las tardes. En invierno protege contra el frío de forma similiar como lo hace la madera.
- Densidad: 30-60 kg/m3
- Coeficiente de conductividad térmica: 0,039 W/(m·K)





